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martes, junio 7
domingo, junio 5
ASCUAS EN LAS MANOS
Ascuas en las manos
Tengo atrapados entre la mente y el alma vapores de sueños, y también... la dureza de tu voz que aún quema.
¡¡Ascuas en las manos!!
¡Quemaduras!
¡¡Quiero evaporarme en el aire como se evapora un gemido y vivir el sentir de un Te quiero!!
¡¡Tu mirada... abandono!!
¡¡Tu risa... castigo!!
sábado, junio 4
EL TEJO DE SAN CRISTOBAL..
EL TEJO DE SAN CRISTOBAL.
San Cristóbal de Valdueza, (León)
El tejo árbol sagrado de los celtas tiene en San Cristóbal su lugar sagrado, mágico.
Ubicado junto a la vieja ermita debe ser considerado como una reliquia, un auténtico monumento vegetal vivo, muy vivo.
Ubicado junto a la vieja ermita debe ser considerado como una reliquia, un auténtico monumento vegetal vivo, muy vivo.
Este milenario tejo se encuentra en la comarca de El Bierzo, lugar de gran riqueza medioambiental y numerosos árboles destacables no sólo por su valor monumental, sino también por pertenecer al patrimonio cultural de la zona.
El Tejo siempre se ha considerado un árbol sagrado en esta región, asociándolo a lugares de culto religioso como es este caso. Se encuentra situado en un lugar privilegiado: en el cementerio de la localidad, junto a la vieja ermita medio derruida, divisando la hoya berciana. Desde allí ha debido de ser testigo de muchas culturas y costumbres. Se considera una reliquia, un auténtico monumento vegetal vivo; es una visita ineludible.
La persistente costumbre de plantar tejos junto a las casas, o las lindes de los prados es un interés colectivo, inconsciente sin duda, de ser fiel a las costumbres de sus ancestros, de la religión astur-celta, arraigada en el corazón de sus hijos.
Árbol de crecimiento lento y gran longevidad, presenta una madera dura y elástica que era utilizada en la antigüedad para la fabricación de arcos.Se dice que todo él es tóxico, incluso las semillas, a excepción del arilo rojo que las rodea.
La Junta de Castilla y León creó en el año 1991 a través de la Ley 8/1991, de 10 de mayo, el «Catálogo de Especímenes Vegetales de Singular Relevancia de la Comunidad», por el que se regula la protección de determinados ejemplares de especies arbóreas. Uno de estos ejemplares es el Tejo de San Cristóbal de Valdueza, que se incorporó al catálogo mediante Decreto.
Ubicación.
En la comarca del Bierzo, al oeste de la provincia de León,
al sur de Ponferrada.
jueves, junio 2
LA TERRONA.
La Terrona
La Encina más grande del mundo.
Zarza de Montánchez (Cáceres).
La encina La Terrona es uno de esos monumentos naturales capaz de competir con la más bella y grandiosa de las construcciones realizadas por la mano del hombre. Con una gran diferencia, el arquitecto de este árbol singular ha sido la naturaleza y el tiempo. Se calcula que su edad es de 800 años. Símbolo de Extremadura y de la comarca de Montánchez y Tamuja, puede considerarse el mayor ejemplar de esta especie de España. El árbol está situado en la finca La Dehesa, del término municipal de Zarza de Montánchez (Cáceres).
de la grandiosidad de su porte deriva su importancia y vistosidad, ya que las dimensiones son espectaculares:
Tiene una altura total 16,6 metros, un perímetro del tronco de 7,8 metros, un diámetro máximo de copa de 30 metros y una altura de 17 metros.
Está declarada como Árbol Singular de Extremadura.
Algo de historia de la Terrona.
Si el Romanejo ( Roble) es el rey de los rebollos de las zonas serranas, la Terrona es la indiscutible reina de las encinas de nuestras dehesas. Su reinado en este caso es absoluto, ninguna otra encina pone en duda su supremacía y todas aquellas que han osado aproximarse se encuentran ahora en franco deterioro como las colosales encinas pacenses del Rañal o el Romo, o incluso muertas como La Marquesa. Su propio nombre hace referencia a ello, ya que en la comarca antiguamente se denominaba Terrona a las encinas más grandes de lo habitual. Hoy sólo se utiliza ese nombre para ella y siempre en mayúscula (ese es respeto que se le tiene a la soberana).
Esta superioridad tiene su base en la portentosa capacidad física de este ejemplar, que pese a los achaques propios de su avanzada edad (podríamos decir, utilizando un símil, que tiene osteoporosis), muestra una respuesta fisiológica propia de encinas maduras en su máximo esplendor. Pensemos que cuando brotó la bellota que daría lugar a nuestra protagonista en el cercano castillo de Montánchez gobernaban los almohades, que el “bestseller” de su juventud era el Amadis de Gaula y que su máximo esplendor lo debió alcanzar antes de que Darwin publicara El Origen de las Especies. Imaginemos todas las situaciones de riesgo a las que ha estado expuesta desde que era una plántula de unos 5 cm de altura hasta que ha llegado al coloso actual de 17 m de altura, 30 m de diámetro de copa y casi 8 m de perímetro de tronco.
Lógicamente el factor suerte ha jugado a su favor al crecer sobre un venero que baja de la sierra, los rayos y tormentas la respetaron, al contrario que a su vecina La Gobernadora que cayó fulminada a principios del siglo XX (y según cuentan era digno rival de la Terrona). Pero en este caso, sobre todo, han sido generaciones y generaciones de propietarios los que casi sin excepción han contribuido con su respeto al mantenimiento de este árbol, casi siempre bien tratado por el hacha. Esto lo sabe muy bien Alonso, su actual propietario. Sabe que es muy ingenuo considerarse propietario de un ser de 800 años que le va a sobrevivir otros muchos, sabe que La Terrona es de todos los que la aman y en ese saber se ha convertido en el auténtico guardián del árbol. Todo amabilidad, pero ¡ay de aquel que ose subirse a La Terrona! Se siente orgulloso de ver a gente de otros países que se acercan a Zarza de Montánchez a conocer a La Terrona y le gusta hablar con los visitantes que entran en su finca a visitar el árbol con respeto. Recuerdo que cuando Correos presentó un sello con la imagen de La Terrona en el pueblo, Alonso, como si de la boda se su hija se tratara, mató dos de sus cerdos y puso vino y su extraordinario pan para todo el pueblo, en lo que él convirtió en una auténtica fiesta, que ensombreció al acto oficial organizado por unas autoridades que se subieron al carro en el último momento y no supieron estar a la altura. Aquí radica el secreto de La Terrona.
Este algo de historia...está extraído del blog Desde el torreón.
En 1997 un temporal dañó la encina y puso en peligro su existencia. Los técnicos de medio ambiente le colocaron 15 muletas de acero de color negro para sostener el tronco y las ramas principales. El resultado llama la atención y da qué pensar. Le añade singularidad pero, tal vez, la vida da lo que da, incluso para una encina. Algunos piensan que mejor hubiera sido dejarla cumplir su ciclo vital.
Cuentan los lugareños que su tronco, prácticamente hueco, sirvió durante siglos de refugio a zorros, liebres y jabalíes.
En fin, su longevidad produce una sensación de respeto. Será, quizá, por la necesidad que tenemos de sentir cerca las cosas perdurables, pues no dejan de representar una esperanza; o será simplemente por su belleza. Rabindranath Tagore dijo aquello de: “convertir un árbol en leña y podrá arder para vosotros; pero ya no producirá flores ni frutos”.
Principio del formulario
martes, mayo 31
CIPRÉS DE SILOS.
Ciprés de Silos.
(Monasterios de Silos, Burgos)
El famoso ciprés de los poetas. Símbolo del castellano, fue plantado por monjes franceses.
Al principio eran cuatro esos cipreses pero solo ha sobrevivido este “enhiesto surtidor de sombras y sueños” que inmortalizara Gerardo Diego.
Uno de los árboles más bellos del mundo.
Este ciprés tiene una edad de 126 años y una altura de unos 28 metros. Un perímetro de 2,46 metros y un diámetro de copa de 5 metros.
Os dejo aquí el poema que Gerardo Diego
| EL CIPRÉS DE SILOS Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza. Chorro que a las estrellas casi alcanza devanado a sí mismo en loco empeño. Mástil de soledad, prodigio isleño, flecha de fe, saeta de esperanza. Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza, peregrina al azar, mi alma sin dueño. Cuando te vi señero, dulce, firme, qué ansiedades sentí de diluirme y ascender como tú, vuelto en cristales, como tú, negra torre de arduos filos, ejemplo de delirios verticales, mudo ciprés en el fervor de Silos. |
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Algo de historia del Monasterio de Silos (Burgos) donde está ubicado el Ciprés.
El Monasterio de Santo Domingo de Silos se halla ubicado en la parte oriental de un pequeño valle de la gran meseta castellana, que el primer documento conservado del Archivo de Silos, del año 954, ya denomina como valle de Tabladillo.
La vida del hombre en Silos y en su comarca se remonta a tiempos prehistóricos, conocida hoy en día gracias a una serie de excavaciones arqueológicas.
La vida monástica en todo el Valle de Tabladillo, especialmente en Silos, comenzó con probabilidad, a la hora de la reconquista castellana, a fines del siglo IX, en forma de granjas monástico-familiares.
Pero, desde el siglo X, el monasterio propiamente de San Sebastián de Silos ya entra en la historia documentalmente.
Sin embargo, debido a los estragos de Almanzor, el monasterio silense cae en gran decadencia material y espiritual. En este momento, en 1041, hace presencia, de la mano del rey Fernando I de Castilla, el monje riojano emilianense Domingo. Es nombrado abad de Silos y, en treinta y dos años, con su ímpetu restaurador y con su santidad, levanta a Silos en sus edificios y en su comunidad. Muere el 20 de diciembre de 1073. Es canonizado en 1076, y se convierte en el taumaturgo medieval de la zona y su tumba en centro de peregrinación.
Surge el claustro románico extraordinario, y brilla el scriptorium silense con obras como el Beato de Silos, hoy en el Museo Británico.
La Baja Edad Media coincide con una etapa menos brillante de la Abadía castellana. Pero, en 1512, el monasterio silense se adhiere a la Congregación Benedictina de Valladolid y se va formando el monasterio moderno al lado del medieval: muralla perimetral; ala sur para las celdas individuales de los monjes; la capilla de Santo Domingo; la iglesia neoclásico-barroca.
En 1835, en noviembre, obedeciendo el decreto de exclaustración del gobierno de Mendizábal, se dispersa la comunidad y se interrumpe la vida monástico benedictina de Silos a lo largo de cuarenta y cinco años.
Afortunadamente, el 18 de diciembre de 1880, un grupo de monjes benedictinos franceses de la Abadía de Ligugé, dirigidos inteligentemente por un monje de la Abadía de Solesmes, Dom Ildefonso Guépin, salvó a Silos de la catástrofe total al elegir las ruinas silenses como su refugio.
Estos monjes fueron restaurando con esfuerzos casi heroicos el Monasterio silense; y, con la restauración material, procuraron recuperar parte de los restos culturales. Encontraron 14 manuscritos medievales; muchos diplomas, también de la Edad Media; y casi todo el archivo de la Edad Moderna.
Desde entonces, en el siglo XX hasta hoy, la comunidad de Silos ha tenido y tiene una gran vitalidad: con su testimonio, con sus celebraciones litúrgicas, con sus aportaciones a la cultura, y con su irradiación, fundando varias casas nuevas en España, como Estíbaliz (Álava), Montserrat de Madrid, Leyre (Navarra), Abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos (Madrid); y en Hispanoamérica: México y Argentina.
Silos ocupa un lugar importante en la Orden Benedictina y en la Iglesia Española en el mundo actual.
Por lo que se refiere a su aspecto exterior, en sus edificios monasteriales, Silos se compone de dos monasterios yuxtapuestos, en torno a dos claustros: a) el medieval; y b) el moderno o clásico-barroco; con la iglesia al Norte, y la gran ala Sur, o zona habitacional, con las celdas de los monjes. Esta parte sufrió un pavoroso incendio en 1970, y se redujo a cenizas. Pero bajo la dirección de Bellas Artes, se restauró en 1971-72, con la planificación y supervisión continua de los arquitectos Alberto García Gil y Julia Fernández de Caleya. Desde entonces Silos es un gran monasterio a la vez histórico y funcional.
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